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lunes, 21 de mayo de 2012

Si un amor no sale bien...


Hace unos días iba en el coche y al hilo de una canción de desamor que sonaba en la radio, el locutor dijo algo así como que: si una historia no sale bien... es porque no era el amor de tu vida.
Recuerdo que fruncí el ceño (sí amigos, voy a ser una viejita muy muy arrugada de tanto reirme y tanto expresarme), recuerdo que miré a la radio y recuerdo que pensé: flaco favor le haces a las quinceañeras que te escuchen.

Habrá pocas personas bajo la capa del cielo más tontas, más románticas y más cursis que yo... pero no nos engañemos, las historias de amor no siempre tienen un final feliz.
No siempre hay perdices, no siempre suenan violines, no siempre el fundido a negro está precedido de sonrisas, lágrimas de emoción y un beso de película.
A veces, tú no eres el amor de la vida de quien es el de la tuya; de la misma forma que, en alguna ocasión, puede que tú seas la perdición de alguien por quien no sientes lo mismo... Es una putada. Sí. Pero es así.

Eso no quiere decir que una persona no pueda tener varios amores, si no... ¿por qué hablamos del "primer amor"?
Si sólo pudiésemos tener uno, no habría necesidad de enumerarlos.
Tampoco quiere decir que cada persona con la que tengamos una mínima relación afectiva vaya a convertirse en uno de esos amores (aunque he de decir que conozco a gente que pierde el sentido con que le dirijan la palabra y, de verdad, se siente enamorado... cuando se le pasa la tontería se da cuenta de que no era amor, pero antes de que llegue ese momento de clarividencia, cuando cree que es la persona definitiva... cuando cree que siente lo que cree que siente... ¿quién soy yo para juzgar la intensidad de su fascinación?).

Volviendo al recuento de amores verdaderos, también podría darse el caso de que alguien no conociese nunca a esa mitad que dicen que nos falta para estar completos. Podría pasar.
No sería lógico que se pueda tener uno o varios, y que no contemplásemos la posibilidad de no tener ninguno.
Podría ser, pero lo veo complicado; si pensamos que somos, como decía Aristóteles, animales políticos, seres sociales, que viven juntos y se relacionan... me cuesta mucho creer que, conociendo a nutrido número de personas (entre colegio, instituto, universidad y/o trabajo, vecinos, etc.) no salte la chispa con nadie.
A este respecto, las matemáticas no fallan (sin tener yo ni idea de nada de eso): cuanta más gente conozcas, más posibilidades tienes de encontrar a alguien similar a ti.
Además, hay un axioma innegable que desbancaría a todas las filosofías conocidas y por conocer; debemos estar orgullosos, porque proviene del saber patrio: "Siempre hay un roto para un descosido".

En cualquier caso, y volviendo al tema que nos ocupa: la vida no siempre sale bien. De hecho... joder, sale bastante mal, ¡¡no hay más que ver cómo termina...!!
Dejando a un lado esto, creo que no nos ayudamos restando importancia a cosas que la tienen.
Tampoco debemos añadírsela.
Es una cuestión de asumir responsabilidades, ni más ni menos.

Nuestra vida no empieza con un amor de pareja y es más que probable que tampoco acabe por este motivo.

El fin de una relación puede, y si ha sido verdadadera, debe ser doloroso. Hay que pasar el "luto". Asumir lo que toque y seguir viviendo. Y mañana será otro día.
Esto no quiere decir ni que vayamos a volver a enamorarnos, ni que no vayamos a hacerlo.
No planeamos el primer amor, de la misma forma que no podremos planear el último. Y en el fondo, da igual, porque es mentira que nos falte una parte.
No necesitamos que nos completen, sino que nos complementen.

miércoles, 9 de febrero de 2011

No hay muchas canciones que hablen de mí

¿Os habéis enamorado alguna vez? ¿habéis sentido esos nervios agarrados en el estómago? ¿esa tensión que algunos llaman “tener mariposas”? ¿Esa cara de tont@, esa sonrisas permanente, esos suspiros de España y Portugal?

El amor, la pasión y la locura son lo mismo; por lo menos para mí. No concibo una relación sin tormento y sin éxtasis; una relación que no te desgarre las entrañas, que no consiga que hagas cosas excepcionales…
Quizá por lo dramático de mi naturaleza pienso que nadie ama como yo; que cualquier enamorado siente menos intensidad de la que yo siento; que quiero hasta las últimas consecuencias y que sufro hasta tener el alma hecha jirones.

Siempre he estado convencida de que la intensidad con la que vivo y con la que respiro me hace única, pero de repente, un día… me paro a pensar en que “todas las canciones hablan de mi”. Y ese “mi” no soy yo, sino cada persona que conozco y más de la mitad de las que no conozco.
Ese “mí” eres tú… y tú… y tú…
¿Quién no ha dicho “nadie te va a querer como yo”, “nunca he sentido esto antes”, “quiero pasar el resto de mi vida contigo”…? Todos lo hemos dicho, lo hemos pensado y lo hemos sentido… y en algunas ocasiones, no sólo por una persona.
No digo que sea mentira, que sean comentarios manidos… Cada día aprendemos, cada día vivimos nuevas experiencias que hacen que no seamos los mismos que hace un año… y cada día, con la poca o la mucha sabiduría que hayamos acumulado, reformulamos las premisas, afirmamos desde una nueva perspectiva que nadie puede querer como nosotros, que nunca habíamos sentido nada parecido y que el resto de nuestras vidas está unido al de otra persona. Y es verdad.

No somos tan únicos como pensamos; si lo fuésemos, nunca nos emocionarían las letras de las canciones más tristes del mundo, porque no llegarían al nivel de excelencia dolorosa o amorosa que uno ha experimentado… No pensaríamos “están cantando mi vida” o “me leen el pensamiento”. Cada uno siente como sólo uno sabe, pero todos sentimos lo mismo.

Es triste pensar que no somos tan especiales como creíamos, que otros han vivido exactamente lo mismo que nosotros… pero también hace que tengamos la esperanza de que otro pueda sentir por nosotros lo mismo que nosotros somos capaces de sentir.

A mí se me eriza la piel sólo de pensar que alguien pueda volverse loco por mí de igual manera que yo enloquezco.

No obstante he de confesar algo: no hay muchas canciones que hablen de mí; no me he descubierto entre demasiadas letras… pero sí en algún que otro verso de la cordura de la Lokura.