jueves, 8 de noviembre de 2018

Madera y Asfalto

Mesilla. Rocío Tizón


-500 euros. 500 euros invertidos en que alguien me ayude a cargar con el peso de esta decisión y se dejan la puta mesilla de noche en mitad de la calle –dice mirando por la ventana mientras oye cómo el camión de mudanza gira a la derecha-. 500 pavos.

Saca el móvil del bolsillo rezongando.

-500 putos euros, para esto. Putos mudanceros o como coño se llame a los que te hacen la puta mudanza. Puta mesilla. Puta Ley de Murphy –suspira-. Puto Paco… -dice mientras busca el teléfono de la empresa a la que ha contratado-. Hola, soy María, acabáis de llevaros mi mitad de la casa en el camión y os habéis dejado la mesilla de noche.
Escucha cómo su interlocutor pregunta a su compañero:
-Niño, ¿has cogido una mesita?
-Yo he metido todo lo que había en la acera.
-Todo menos la mesilla –contesta ella alzando levemente la voz-.
-No sé señora, mi compañero dice que ha cargado todo lo que había…
-Ah… vale… Entonces igual esto también es mi imaginación y no estoy viendo la puta mesilla de noche en mitad de la puta calle, recibiendo a los coches a porta gayola.

Silencio al otro lado del teléfono. Risas disimuladas.

-¿Puede llevarla usted a la nueva dirección? –Pregunta el operario-. Ya estamos en el túnel y dar la vuelta va a ser muy difícil…
-Sí, claro, total les pago 500 pavos para que me toque a mi ir en mi puta Vespa con la mesilla de los cojones enganchada a la espalda como si fuese un puto sherpa…

Las risas ya no son tan discretas.

-Perdone señora… Iremos a por ella, pero tardaremos un rato –contesta compasivo-. ¿Le importa que descarguemos y volvamos después?
-Vale. Bajo a quitarla de en medio. -Coge las llaves y cuelga mientras baja las escaleras-.
Acompaña cada peldaño con un pensamiento.

Uno. Todo me pasa a mí.
Dos. Además de cornuda, apaleada.
Tres. Menos mal que Paco no está en casa; sólo faltaba que me viese desquiciada por la mesilla de noche.
Cuatro. Que ni si quiera me gustó cuando la compró.
Cinco. Que realmente me llevo para que la suya se quede viuda.
Seis. Como yo.
Siete. Porque quise matarle por infiel…
Ocho. Puto Paco.

A un par de metros de la puerta del portal, mirando la maldita mesilla a través del cristal ve como una furgoneta la arrolla haciéndola astillas.
Sale corriendo a la calle, coincidiendo con el frenazo tardío de la conductora, que abre la puerta desconcertada.

-¿Estás bien? –Pregunta  desde la acera-.
-Sí, yo sí, pero…
-Tranquila, no pasa nada. Era de mi ex… -grita triunfal-.
Ambas sonríen.
-¿La remato? La furgo es del trabajo… –Comenta cómplice la conductora-.
-Por favor… –contesta María extendiendo la mano derecha y dándole absoluta potestad sobre el amasijo de madera y mentiras.
Se da la vuelta y entra de nuevo en el portal. Escucha crujidos y le parece distinguir un “si es que son todos unos cabrones…”. Sonríe. Más crujidos, Sonríe más, y finalmente distingue el motor alejándose. Saca el móvil,  rellama y saborea las palabras:

-A tomar por culo la mesita de noche. Está perfecta donde está.

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